A veces, cuando te miro, me pregunto si el camino de tu mente estará lleno de zarzas. Y me rompo la cabeza pensando en cómo llegar hasta él, y descubrir qué ocurre ahí dentro, por qué ríes, por qué no lloras, por qué callas y te apartas, ¿de qué huyes? ¿En qué tierra de nadie estallan tus recuerdos? Sabes, si me dejas, yo podría cambiar tu mundo. A ti no te cambiaría por nada, pero si me coges de la mano (o de donde tu quieras) y te dejas llevar, puedo hacer que tu vida sea un carrusel, con altibajos, quizás, pero siempre, siempre a tu lado, para que cuando tus fuerzas desfallezcan, yo me convierta en tu luz, y te consuele de la única manera que sé: llenando tu letargo del mas sincero e idílico afecto.
Recuerdas, hace tiempo pactamos que vivimos en un sueño hecho realidad. Y si te digo la verdad jamás he sido tan feliz de saber que los sueños, sueños son, porque tu y yo existimos y estamos despiertos, y no podría ser más maravilloso. Porque te amo, te amo con todos los dichosos poros de mi condenada piel, que junto con la tuya, son lo único que nos separa.