Cuando la ira la aborda, se remonta en recuerdos del pasado, para ahuyentar el insomnio. Como aquél en que, junto a amigas del momento, bailó delante de todo el colegio vestida de hippie al ritmo de una canción de un anuncio de Coca-cola de los sesenta. A veces se desahogaba escribiendo horas y horas, y no paraba hasta tener una preciosa obra de arte entre manos (o al menos lo intentaba). No puede olvidar todo aquello que pasó. Puede vivir con ello, pero en sueños llegan sus fantasmas a atormentarla. Cada noche es un pequeño infierno. No soporta el desastroso silencio de su cama, interrumpido sólo, por los casuales maullidos y gruñidos de los gatos. Y cuando ya tarde, entra al fin en brazos de Morfeo, sueña. Sueña con sus amigos, o con gente conocida. Con su familia y con sus sueños cumplidos, incluso con amores ya desistidos. Una vez soñó que estaba en lo alto de una ola, surfeando, y llegaba a la orilla pero ella no paraba, y recuerda algo de que iniciaba un viaje. En ocasiones tiene pesadillas, que más de una vez le han conducido al ataque de ansiedad. Y al despertar, siempre le quedan esos cinco, seis segundos de resaca somnolienta en que todavía cree que lo que sueña es real. Y maldice a su subconsciente, por avasallarla con estas falsas ilusiones, que estallan justo en medio de la frontera entre lo amargo y lo dulce. O para ser más específico, entre lo ácido y lo agridulce.
Su alma es un pozo de contradicciones: Dicen que lo bueno se hace esperar, pero también que pronto se hace tarde. Quién madruga Dios le ayuda, pero no por mucho madrugar amanece más temprano. Más vale que sobre que no que falte, y que lo bueno, si es breve, dos veces bueno.
¿Debió pedirle que volviera, porque realmente la quería? o, ¿simplemente la estafó, que visto lo visto, parece lo más probable? ¿Con cuál de estos dos dilemas se está auto-engañando? Parece que ya vuelve a auto-destruirse. Vamos a ver: recuerda aquella vez en que fue a la discoteca a llevarle un regalo de cumpleaños a su mejor amiga y estaba aquél chico con el que...parece que el sueño empieza a asomar.
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