viernes, 26 de abril de 2013
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Qué nos queda cuando en lo único que podemos aferrarnos es nuestra propia piel. Quién sabe hacia dónde volaran las cenizas una vez desprendidas. Quien acierta el destino, si es que acaso existe un camino a seguir. Cómo deleitarse con la belleza en este mundo tan lleno de odio.Por qué sentimos la férrea necesidad de clasificar-lo todo en medio de este caos. Hay demasiadas, demasiadas cosas. Demasiados trastos inútiles, sobre valorados, con el único mérito de levantar muros a nuestro alrededor. Quién decide. Por qué todo puede ser castigado de manera infatigable. Los llantos reprimidos, cada vez que se desmiente un mundo mejor. Hoy los soñadores no son más que productos del desdén. Quién nos enseñó a tener expectativas sobre la vida tan altivas y falaces. Cómo podemos usar el miedo ajeno para causar dolor, cuando miedo es lo que nos impulsa a hacerlo. Cómo podemos sentirnos bien en un mundo donde el mayor negocio es la guerra. Quién contempla nuestras ilusiones y nos avasalla con misiles de inseguridad. Quien apaga las velas dejando sólo rastros de rutina y calamidad.
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